¿Dónde está la innovación?
por , publicado el publicado el 15/12/2008 17:18:22
Últimamente es muy habitual oir la palabra innovación en multitud de conferencias, congresos empresariales y medios de comunicación. Sin duda se trata de un término que está de moda. Ante la crisis económica que reina en el mundo occidental en este principio del siglo XXI, son muchos los que invocan esta palabra mágica como si se tratara de un talismán destinado a librarnos de la penuria económica y son muchos también los que aseguran que la innovación es el motor que nos sacará de la crisis.
Desafortunadamente las cosas muy pocas veces van más allá que el uso cosmético del término. Empiezo a estar aburrida de acudir a charlas donde se utiliza la palabra “innovación” a diestro y siniestro, pero en cuando se solicita que se razonen los argumentos y se explique el “cómo” y de que manera la innovación puede contribuir al desarrollo, la mayoría de las veces obtienes como respuestas la repetición de las mismas obviedades tautológicas y la cita, por enésima vez, de los mismos casos de éxito -conocidos por todos- que se muestran como ejemplo, cuando no siempre lo son, y que se analizan “a toro pasado”.
Aunque parece haber consenso en la afirmación de que la innovación y la creatividad son claves para progresar y conseguir mejorar la sociedad en muchos aspectos, mi opinión es que hay que ir más allá de la mera enunciación de la frase y hacer un análisis riguroso que nos ayude a enumerar las tareas necesarias que se han de seguir para llevar a cabo un proyecto donde la innovación produzca resultados reales. Lo incómodo es que dichas tareas muchas veces tienen muy poco de innovadoras y suponen hacer frente a muchas preguntas molestas que siguen siendo igual de necesario plantear aunque se hayan respondido en innumerables ocasiones con la respuesta adecuada a cada ocasión.
Por ejemplo, si nos ceñimos al terreno de los emprendedores y a los proyectos de reactivación económica, algunas de estas preguntas –pero no las únicas ni mucho menos- serían : ¿La situación económica actual de los consumidores y su demanda se adecúa a las características del proyecto? ¿Existen realmente recursos humanos, materiales, sociales, culturales y financieros suficientes que permitan pensar, dentro de unos límites razonables, en un sostenimiento real del proyecto en el corto y el medio plazo? ¿hemos analizado con suficiente énfasis el estado de dichos recursos y su implicación dentro del proyecto? ¿Qué soluciones puede aportar nuestro proyecto y a que problemas?
Y aquí habría que analizar diferentes grados de concreción:
- ¿En que nivel tiene en cuenta nuestra idea, si es que lo tiene en cuenta, todos los imprevistos que pueden surgir en el ámbito social, tecnológico y/o económico?.
- ¿Cómo se piensa llevar a cabo? ¿qué planning o timings existen?
- ¿qué nivel de viabilidad tienen dichas planificaciones y estimaciones de tiempo?
Y así podríamos continuar rellenando páginas enteras, todas las que faltan en los dossieres de los congresos de innovación. No hemos de olvidar tampoco el hecho de que muchos de los proyectos de éxito que hoy se ponen como ejemplo de innovación no se crearon para dar solución a ningún problema en concreto sino que se hicieron más con un afán lúdico de investigación y experimentación y luego a posteriori emergieron (o se crearon) problemas donde dichos “inventos” encajaban casi a la perfección.
No obstante que esto ocurriera así no significa que la creatividad ciega y la innovación sin un objetivo definido sea una fórmula mágica de por sí, como parece desprenderse del discursos de algunos gurús. Son muchos más los experimentos que fracasan o simplemente cesan que los que cristalizan en “algo”. Esto cual no invalida el valor de la creatividad y la innovación por la innovación pero siempre que se atienda a sus beneficios inmediatos y no se plantee a expensa de promesas de beneficios futuros ¿por qué? la respuesta a esta pregunta justifica un artículo entero.
En conclusión lo que pretendo comunicar es que la innovación va mucho más allá que poner un tobogán en el despacho o realizar una reunión de negocios en el parque. La innovación requiere entusiasmo, traspasar límites y ganas de experimentar pero también de estudio, observación, análisis cuidadoso, sudor, gestión de expectativas y prioridades y disposición para replantearse todo tipo de cuestiones con mirada honesta y con reconocimiento del contexto que nos rodea.
Dedicado a los innovadores.
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