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Pan_ama (Barcelona, España.), sobre el artículo ¡ Pásalo !":
"Pues sí Jenny, no te lo tomes a mal pero creo que efectivamente pecas de ingenua. Lo que esta tecnología que mencionas ha provocado básicamente ha sid..."

¡ Pásalo !

por Jenny Fraser, publicado el

Las nuevas tecnologías han tenido un profundo impacto en la realidad política de los últimos tiempos, eso es algo que ya casi nadie cuestiona. Fenómenos como la mensajería SMS, el “Broadcast yourself” de Youtube.com y similares o las webs sociales tipo Facebook o Twitter y demás han cambiado el signo de muchos gobiernos, han hecho tambalear regímenes totalitarios y han eludido con éxito las barreras de la censura de estados autoritarios que otrora funcionaran a la perfección. La elección del presidente Obama en los USA gracias en gran parte a las miles de aportaciones de internautas anónimos, la filtración a los medios de imágenes y vídeos de los crímenes contra los monjes budistas en la antigua Birmania registrados con dispositivos móviles por miles de ciudadanos “minibroadcasters” o la coordinación eficiente de las protestas populares en Irán a través de mensajes SMS ( y la posterior emisión de imágenes captadas con teléfonos móviles) son solamente algunos ejemplos recientes de los muchísimos que vienen dándose en el mundo desde el inicio del siglo XXI.

Los ordenadores y los dispositivos móviles en combinación con las redes globales se convierten en armas mucho más poderosas que las viejas hoces y martillos utilizados en las revoluciones de siglos pasados. De pronto, las masas tienen un poder de organización y una eficiencia de convocatoria que habría sorprendido a cualquier militar del siglo XIX (y probablemente sigan sorprendiendo a muchos del siglo XXI). Por primera vez en la historia parece que los pueblos en general y las democracias en particular tienen un poderosísimo aliado para hacer llegar su voz y ejercer su poder soberano de una forma mucho más directa. Son muchos los que, eufóricos, bendicen estas nuevas tecnologías como la vía que nos llevará, por fin, a la libertad y democracia universal y borrará cualquier huella del totalitarismo sobre la Tierra.

Aunque se puede llegar a comprender, en parte, esta euforia, a poco que te detengas a reflexionar verás que peco de ingenua, hasta de peligrosamente ingenua me atrevería a afirmar. Que las tecnologías proveen de nuevos recursos a los ciudadanos es evidente, pero suponer que esos recursos son invencibles y que los poderes, tanto facticos como políticos, no puedan utilizarlos en su propio beneficio ya no está tan claro. La tecnología es esencialmente neutra, su uso por parte de las personas (físicas o jurídicas) es las que las convierte en herramientas, armas o instrumentos de represión. La falsa sensación de que algunos grupos políticos autoritarios o pseudo-autoritarios hayan visto dañados sus planes o su poder debido a la intervención de las nuevas tecnologías se debe básicamente al hecho de que el cambio de paradigma socio-político les ha pillado desprevenidos y aún no han sabido o no han tenido tiempo de diseñar las contramedidas que anulen esas herramientas frente a las cuales los instrumentos de manipulación o represión tradicional ya no funcionan como antes.

No es la primera vez que ocurre en la historia, el cambio del feudalismo a la burguesía propiciado por nuevos tipos de relación social también produjo en su día desplazamientos de poder importantes. Lo que sí es nuevo en el escenario es el nivel de complejidad. La altísima complejidad de la red de relaciones establecida en la sociedad global actual hace que sea mucho más complicado diseñar sistemas de control eficaces por parte de organismos de poder. Sin embargo esta complejidad, que en ocasiones puede jugar a favor de la ciudadanía, también tiene sus reversos siniestros. Por ejemplo, es muy conocido el aprovechamiento que hacen de estas mismas tecnologías las redes criminales en todos los ámbitos del delito, terrorismo, pederastia, xenofobia etc, pero también hay otros efectos perniciosos derivados directamente de la “cultura cibernética” como la mayor facilidad para propagar rumores y noticias falsas que encuentran el terreno abonado en la credulidad y falta de espíritu crítico de amplios sectores de la población y que en muchas ocasiones pueden causar auténticos estragos en muchos niveles de la organización social. Los efectos negativos que puede generar el uso “oscuro” de las tecnologías son todavía, en su mayoría, absolutamente desconocidos, así como los efectos positivos, que tampoco han sido explotados aún al 100% .

La conclusión que pretendo sacar de toda esta argumentación es que la ciudadanía en general debemos estar muy atentos para poder aprovechar la oportunidad única que nos brindan las nuevas tecnologías de alcanzar nuevas cotas de libertad y autonomía pero sin bajar la guardia y estando preparados para detectar a tiempo y neutralizar al máximo cualquier posible vicio o uso nocivo que se haga de estas tecnologías. ¿Será fácil?, no lo creo, en mi opinión las democracias ahora tienen la mayor oportunidad pero también la mayor amenaza. De momento es muy conveniente desarrollar el espíritu crítico porqué es de los pocos recursos con los que contamos para manejar el nivel creciente de complejidad y evitar la manipulación. Y no es una elección, hay que hacerlo ya pues lo que es seguro es que el “enemigo” (entiéndase por enemigo a los totalitarismos, las organizaciones autoritarias aunque pretendidamente democráticas y otros lobos con pie de cordero), ya se han puesto manos a la obra.

Dedicado al concepto inestable de democracia.

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