El conflicto de resolver un conflicto
por Pan_ama, publicado el
En tiempos como los presentes, donde la complejidad gana cada vez más terreno, los conflictos de toda índole se multiplican. Básicamente, se llama conflicto a la situación generada por el solapamiento de intereses entre dos entidades (personas, países, empresas, sistemas de control...) y que bloquea el desarrollo natural de la vida de éstos. Existe virtualmente una sola salida o solución en caso de conflicto: deshacer ese solapamiento, bien sea mediante la segregación de las entidades que están en conflicto, o creando más espacio para evitarlo.
El número de situaciones conflictivas en nuestras sociedades ha ido en aumento progresivo. Básicamente por asfixia del espacio vital, tanto físico como psíquico. La probabilidad hoy en día de chocar literalmente con otro individuo es mayor, debido a la mayor concentración de población en áreas urbanas. En el terreno más social y familiar, cada vez hay más clases de personas que acceden a espacios y poderes hasta ahora restringidos para ellos debido a una serie de discriminaciones dictadas por la tradición o religión de turno. Esto hace que cada vez haya más gente que concurre simultáneamente en lugares donde las circunstancias no dejan sitio para más que un actor. Y hete aquí el conflicto.
Esto ha hecho que cada vez más se hable del término diálogo, como herramienta fundamental para resolver los conflictos. Siendo un principio más que correcto, la voracidad y la instauración de un pensamiento único basado en el dialoguismo nos han llevado a una reducción al absurdo del tema, haciendo que sea un conflicto la propia resolución de conflictos.
El dialoguismo, es decir, el dialogar por dialogar, como única vía para la resolución de conflictos; se ha cargado por el camino a otros posibles competidores. Por ejemplo, el Liderazgo. Hay momentos clave en los que no hay tiempo para consensuar una acción. Nadie se imaginaría a unos bomberos reunidos en singular asamblea en mitad de un incendio consensuando por dónde subir al edificio quemado, dando voz y voto a todos y cada uno de los brigadistas designados por una cuota también consensuada. O un soldado en mitad de una batalla dialogando con su sargento si es justo disparar al enemigo, etc. Existen circunstancias en las cuales la resolución de un problema de índole mayor requiere sustituir el diálogo con algo más efectivo.
A menudo en la política asistimos atónitos (yo al menos) a como muchas decisiones clave quedan estancadas por mucho tiempo a causa de la exigencia de dialogar hasta la última coma y hasta con el último "mono" de la (gran) asamblea. El dialoguismo como receta infalible para la resolución de conflictos, fagocita otras estrategias más resolutivas, poniéndolas en el punto de mira del cañón de pensamiento único; mostrándolas como autoritarismo o fascismo en el mejor de los casos.
Los conflictos son obstáculos que superar para lograr los objetivos de todos. No son lugares donde uno deba permanecer y recrearse en lo bien que se dialoga (o se divaga) y congratularse en evitar otras vías "tabú". De ser así, la resolución del conflicto pasaría a ser otro conflicto en sí mismo, y al final todo se pudriría de puro estancamiento.
Diariamente resolvemos conflictos de manera automática a través de normas, directrices, convenios, imposiciones... llámenle como quieran. En un cruce, dejamos pasar al automóvil que viene por nuestra derecha, o nos detenemos ante un semáforo en rojo. ¿Por qué el rojo? ¿Por qué por la derecha?
Liderar no tiene porqué ser sinónimo de oprimir. Obedecer no tiene porqué ser sinónimo de ser oprimido. En una sociedad equilibrada y sana, unas veces se lidera y otras se obedece. Pero nunca se deja de fluir, nunca se recrea en intentar forzar consensos estériles. Los diálogos, a mi entender, deben hacerse en momentos de serenidad, cuando la necesidad no es acuciante. Y siempre tomando nota de todo y sin perder el horizonte d progreso y que el fruto final de ese diálogo es la construcción de pautas, de normas, de procedimientos que se puedan aplicar de manera fluida cuando el conflicto surja, y así superarlos con eficacia.
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