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¿Dónde está la gente excelente?

por Pan_ama, publicado el

No creo que sea un fenómeno exclusivo de mi país, lo que se ha venido en llamar la "fuga de cerebros", es decir, que las personas intelectualmente más sobresalientes de una nación optan por emigrar a otra más próspera para poder desarrollarse allí como profesionales y en general como personas. El caso es que esta "fuga" no se acaba con la emigración literal de estas mentes notables. Muchas de ellas optan sin embargo por seguir viviendo en el país que les vió nacer, autoexiliándose.

Me explico: cada vez más, en los puestos clave y no tan clave de organizaciones públicas y privadas vienen siendo ocupados por personas mediocres, cuando no directamente nefastas. Y eso, dada la creciente sofisticación de la sociedad actual, masificada y tecnificada, y por ende muy compleja, supone ciertamente un dato preocupante. ¿Por qué?

Fíjense bien en el devenir de la cotidianidad. Hagan el esfuerzo de abstraerse de ella por un momento y contemplarla como quien contempla los animalitos de una pecera, o un hormiguero. Mientras todo transcurre de ordinario, todo parece fluir, como un mecanismo aparentemente bien engrasado. En cuando sucede algo más o menos extraordinario, todo parece colapsar, bloquearse, y un pequeño imprevisto se amplifica hasta convertirse en una calamidad para mucha gente. Y es que mucho me temo que carecemos de personas extraordinarias para hacer frente a situaciones extraordinarias. Solo funciona con aparente normalidad aquello cuya propia inercia es insensible a la patanería de su persona "responsable". Y cada vez más y más se multiplican las piezas del Sistema que colapsan parcial o totalmente. Transportes públicos ineficientes o que sencillamente no funcionan, crisis energética, económica, laboral... un sistema educativo a la deriva, conflictos absurdos, etc. En los puentes de mando, en los paneles de control donde se lucha en tiempo real con semejantes tormentas no están, en contra de la lógica, los hombres y mujeres más capaces, más responsables, gente extraordinaria preparada para manejar lo extraordinario. Más bien al contrario, con amargo asombro uno puede comprobar que con más frecuencia que la deseable esos puestos están ocupados por ineptos, patanes, gente incompetente para ejercer el cargo que les cayó del cielo (donde aquí cielo=partido). Individuos que lo único en lo que parece que se formaron es en una suerte de Manual de estilo político para eludir responsabilidades, echar la culpa siempre a otro, no hablar claro jamás y sobre todo, centrarse en darse publicidad o "auto bombo", por aquello de que lo que importa es la imagen que uno aparente, nunca el fondo.

El resultado, como ya mencionaba anteriormente, es que nos está pillando poco a poco el toro del Colapso. ¿Dónde están las personas excelentes? ¿Dónde se supone que están los hombres y mujeres extraordinarias que deberían merecer esos puestos? ¡Realmente son necesarios!
Desconzco la respuesta a estas preguntas, aunque puedo aventurar algunas hipótesis. Hasta este tipo de mentes preclaras tienen sentido de la autoprotección y evitan a toda costa meterse en berenjenales donde podrían terminar abrasados. Este Sistema se encarga de manera paradójicamente eficaz de fagocitar o directamente escupir a los seres realmente capaces. En general, una mente extraordinaria en lo intelectual suele implicar una sensibilidad también extraordinaria. Y ni al más eminente se le puede exigir tener un corazón de titanio.

Debe existir un razonamiento mucho más sofisticado, o quizás demasiado obvio, que explique porqué al final una sociedad masificada esté bajo el control de los mediocres. Algunos han abordado el tema en el pasado, como por ejemplo Ortega y Gasset. Les animo a que reflexionen sobre ello...

COMENTARIOS:

Pilar, de Gasteiz:

De todas formas, un beso.

Maldito, de Castilla profunda:

Yo estoy en el paro. En mi favor diré que he llegado a leer, comprender y sentirme identificado con este artículo y los comentarios de los lectores. Supongo que, sólo por eso, ya partenezco a una minoría de gente que lee Y selecciona lo que lee. Parece poco, pero no lo es. En el paro sigo.

antonio roman, de alicante:

Con un poco sentido del humor. Pienso que cada sociedad genera su propio espíritu del pueblo, su patanaría particular. En USA sería inconcebible permitir la fuga de cerebros, con independencia de que el americano medio compita en mediocridad con cualquier europeo o español. En Inglaterra sería impensable que un cargo político llegue a cotas de poder sin cualificación, tan sólo por el dedo divino del aparato del partido que ejerce el control de los nombramientos. La nota diferenciadora española no está en la estupidez, fenómeno unirversal, sino en el odio a la excelencia, producto de nuestro vicio nacional: la envidia.

yinebrha disidente, de a la sombra del cabezón:

Un sistema masificado es un sistema gobernando por y para la mediocridad. He ahí la clave del mal que padecemos: un igualitarismo absurdo, impuesto a modo de dogma, que fagocita la excelencia. Lo vemos claramente en el actual sistema educativo, donde se establece el nivel por lo más bajo, sacrificando con ello a las mentes más preparadas que, obviamente, demandan mayores niveles de exigencia. Y ello, solo es un ejemplo, una pieza más de la barbarie demagógica a la que tan bien responde la masa. En esta sociedad, la excelencia se paga cara (aislamiento, incomprensión, mobbing...), siendo más rentable participar de la mediocridad. ¿Pero es lo más rentable lo más conveniente?

., de .:

Creo que la envidia, la característica cultural española más típica, tiene mucho que ver en todo lo que se ha venido hablando en este artículo. Y es tan potente, que hasta la han heredado los países mal denominados hispanoamericanos . Los españoles y sus descendientes (con honrosas excepciones) no admiran la excelencia ni la superioridad en los demás. La ambición del español medio (y de sus descendientes latinoamericanos) no es subir hasta el nivel superior en el que se encuentra el objeto de su envidia, sino intentar por todos los medios que éste no se destaque. Allí encontramos una explicación a gran parte de la fuga de cerebros de todos esos países. Los buenos se tienen que ir a otros ámbitos para desarrollarse profesionalmente, o pueden optar por quedarse y llevar una doble vida mimetizándose con la mediocridad circundante.

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