Figuras patánicas (I): El turista y el tertuliano
por Pan_ama, publicado el
La sociedad de nuestro siglo y nuestra área de influecia (urbana, occidental) se caracteriza entre otras cosas por el aumento exponencial de la patanería en todos los niveles. Sin embargo, a menudo sobresalen figuras de demérito, patanes estipulados, modelos de degeneración que la ausencia de cordura, de límites, nos ha regalado. En esta primera entrega de esta nueva saga "Figuras Patánicas", veremos dos de ellas muy preeminentes: el turista y el tertuliano.
El Turista
Ya mencionado en algún artículo anterior, el turista contemporáneo ya casi nada se parece su antecesor primigenio allá por mediados del siglo XX, cuando la masificación aún era un tema por descubrir y el turismo urbano era casi inexistente. Ahora, el turista patán se desplaza rápidamente a su destino en vuelos "low-cost" hacia una ciudad de destino, y allí ejecuta su papel, que básicamente consiste en:
- Estorbar: el turista-patán toma los centros de las ciudades que visita tal como si fueran un parque temático, constuido por y para su uso y disfrute. Por lo tanto, obvia que se trata de un espacio público compartido con los habitantes nativos, que hacen uso de la ciudad para estudiar, trabajar, desplazarse, hacer su vida diaria en definitiva. Esto provoca alteraciones peligrosas del tránsito, al saltarse semáforos en rojo, invadir carriles destinados a otros vehículos, plantarse en el centro geométrico de una acera concurrida desplagando sus inmensos mapas con cara de pasmo, ser estridentes allá donde van...
- Ensuciar: es su parque temático, no tienen porqué cuidar de él. Ya lo harán los servicios de limpieza. Tirar vasos de plástico al piso, derramar toda clase de líquidos y sólidos, orinar en la calle, dejar su basura en las playas... también ensuciar el paisaje urbano con sus insufribles vestimentas de turista hortera, llegando a incluso a ultrajar lugares de culto (iglesias) entrando como si aquello fuera una atracción más de su parque temático, con sus flashes, comentarios en voz alta, comiendo patatas fritas, etc.
- Borreguear: siendo esclavo de estúpidas guías del viajero, que siempre lleva abiertas en la mano como manual de instrucciones y obedeciendo sumisamente a lo que en ellas se le indica.
- Dar por saco: esto se podría asumir perfectamente en el punto "estorbar". Nuevamente, el turista patán piensa que cualquier nativo de la ciudad que visita no es más que un sirviente, una azafata de su parque temático y no duda en molestarlo. Yendo a comer a restaurantes de comida corrida, donde las personas locales que trabajan y tienen cierta prisa van a almorzar por conveniencia; y bloquear el lugar haciendo preguntas estúpidas a los camareros, del tipo "Ummm... what do you recommend???" como si aquello fuera un crucero de lujo con un séquito de chefs a su servicio
El Tertuliano
También conocido como "comentarista" o "analista político". Últimamente, las cadenas de radio y TV en su delirio por rellenar minutos de emisión con contenidos de bajo coste y riesgo, se han lanzado a instalar "mesas de análisis" de toda índole, en casi todos los programas. En concreto, después del habitual boletín de noticias matutino, estos espacios ocupan una franja horaria importante. Se les suele denominar "tertulias", "debates", etc. Lógicamente, los medios son empresas privadas y su voracidad por los beneficios les lleva a buscar la máxima audiencia como sea. En el caso de las noticias, esto se consigue con titulares y pseudo-noticias tergiversadas convenientemente. En el caso de las tertulias, llevando a personajes que parezca que sepan mucho de todo. Ahí aparece nuestra figura. Sus características técnicas son:
- Están encantados de haberse conocido: Jamás dirán un "no estoy seguro" o "no lo sé". Ellos son expertos, sabios, "creadores de opinión". El mundo tiene que paralizar cualquier decisión antes de que ellos abran su boca y pronuncien sus veredictos infalibles.
- No suelen tener ni puta idea de casi nada: Su único esfuerzo es hojear por encima el diario mientras toman el café con leche, memorizar unas cuantas frases que allí aparezcan a modo de cliché y repetirlas con tono interesante y a velocidad lenta, para que parezcan de su propia cosecha. Además, como son ignaros, son osados, y no dudan en afirmar con rotundidad cosas totalmente inventadas, falsas, no contrastadas. Porque nadie les va a reclamar luego su veracidad. Se les cree todo lo que dicen a priori (recordemos que son infalibles expertos tertulianos)
- Nadie sabe de dónde han salido: a menudo estos tertulianos son viejos dinosaurios jubilados de facto de otros medios de comunicación, o "ascendidos hacia abajo" en las jerarquías de dichas empresas. En general no son conocidos, menos aún por sus méritos profesionales o académicos.
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