Pasaporte a Eleusis
por Pan_ama, publicado el
La droga es mala. Ésta es una de las consabidas letanías que el Sistema nos repite una y otra vez. De ahí que en cierto modo las personas aficionadas a los estupefacientes sean consideradas "antisistema" y hayan sido objeto de persecución social y moral, cuando no directamente policial. Todo esto encaja dentro de un esquema maniqueo en exceso, y ya sabemos que para bien o para mal la realidad es sustancialmente más compleja.
Decidimos dar por buena y oficial la maldad de la droga, no porque esta afirmación sea categóricamente cierta, si no como una manera de simplificar una realidad subyacente que implica muchas más cosas. ¿La droga es mala? ¿Qué droga? El alcohol y el tabaco hacen estragos entre la población, y se venden convenientemente gravados. ¿La droga es mala? ¡Las harinas refinadas (pan, pasta, arroz...) también lo son! Trabajar 14 horas diarias, o de noche, también lo es, siendo esta último argumento el más socorrido por los acólitos del estilo de vida underground y amantes de la autojustificación[1]. Analicemos este asunto de una manera algo más detallada.
Cualquier actividad humana lleva un discurso asociado, un sistema de valores y creencias que convenimos en denominar cultura. Así, ha ido floreciendo un uso extendido de dicha palabra, siempre acompañada con un epíteto si no se refiere a las llamadas Bellas Artes[2]. Tenemos una cultura gastronómica, una "cultura del agua", una "cultura de Club", una "cultura del Cannabis". No sabemos muy bien quienes son los encargados de bautizar cada nueva cultura que surje, ni a qué sistema concreto se refiere. Quizá por eso cuando no se sabe muy bien como etiquetar algo empleamos la palabra "cultura". Quizá se trate de un exceso.
Volvamos a la droga. ¿Cuántos de ustedes serían capaces, en este mismo momento, de definir qué es droga y qué no lo es? ¿Los complejos vitamínicos que anuncian en televisión, y que nos permiten rendir hasta el final de esa desdichada jornada laboral de 14 horas lo son? Si, como se ha mencionado antes, existe una "cultura del Cannabis", ¿existiría también una "cultura del tabaco"? Son preguntas que aquí y ahora son retóricas, pero que les dejo como tarea a finalizar sine die.
Nuevamente estamos ante un problema que a menudo proviene por una aberración del lenguaje, del léxico concretamente. A día de hoy, en las sociedades occidentales, urbanas (la Sociedad del 2000) la droga está considerada como un tema tabú, una plaga enquistada que las degrada, un enemigo interior al que hay que derrotar. Sin embargo, la droga ha sido una compañera de las civilizaciones humanas casi tan antigua como la religión. Lo que ocurre es que aquí, ahora, las drogas populares son fundamentalmente ociosas en su finalidad y estupefacientes en sus efectos. Es decir, su discurso asociado, su esquema de valores, su "cultura" es la evasión de la realidad circundante porque ésta es insufrible o simplemente molesta. Se busca vivir constantemente en un estado placentero, pasmado, es decir, de estupefacción. En otros casos y otras sustancias, se persigue inducir un estado de conciencia alterado para potenciar una experiencia ociosa o por simple placer de experimentar. Nuestra generación se ha enajenado completamente del sentido ancestral que, tradicionalmente, nuestros antepasados habían dado al uso de algunas drogas. Ahora su consumo se realiza con una mera finalidad lúdica, o sin finalidad concreta alguna, y se le ha desprovisto de cualquier otro sentido más profundo. No, la droga no es mala. Los estupefacientes, quizá. La "cultura" asociada al consumo de estupefacientes hoy en día, seguro. Forma parte fundamental de la crisis de valores en la que vivimos inmersos. Pero eso será motivo de discusión en un futuro artículo, no en éste.
El ser humano, y de manera ubicua dentro de la mayoría de civilizaciones del planeta, ha buscado trascender su breve existencia vital a través de la búsqueda de un mundo metafísico. Las religiones, producto de dicha necesidad psíquica -producto a su vez de una necesidad fisiológica- han fantaseado siempre con dioses, paraísos, infiernos, lugares misteriosos donde moran los espíritus de los antepasados, etc. En un paso más hacia la conexión con esa realidad metafísica, se descubrieron y emplearon plantas que contenían sustancias que alteran la conciencia de la persona que las ingiere y le abren las puertas a otros mundos paralelos. Estos potingues, al ser nada más y nada menos que las llaves de esas puertas al Más Allá, se convierten en un elemento sagrado y fundamental para el acceso al conocimiento iniciático; y por ende solamente disponible para unos pocos elegidos (los sacerdotes o chamanes). Son las denominadas sustancias enteogénicas[3] (neologismo construido a partir del griego "en-theos-génesis", es decir, que genera un dios interior). La droga sagrada que provoca que conectemos con un dios, o con varios, con los antepasados o con el Cosmos entero; pero siempre de puertas a dentro, siempre accediendo a una realidad metafísica que reside latente en nuestra mente (o espíritu, según se prefiera). El catalizador, el ascensor, el pasaporte que nos transporta por la vía rápida a desvelar los misterios de Eleusis[4]. Visto así, reconozca que suena bastante tentador. Las manifestaciones artísticas que nos ofrecen los autores que han fliteado con dichas sustancias son evocadoras y nos muestran retales de esos mundos oníricos descubiertos. Pero el viaje a Eleusis perdería todo su sentido si, nuevamente, lo desproveemos de su discurso asociado, de su "cultura".
En los años 60 del siglo XX, la "cultura hippie" abusó del consumo de sustancias enteogénicas (también llamadas en su día alucinógenas o psicodélicas) por parte de jóvenes sin apenas formación; y esa trampa, ese atajo osado hacia Eleusis resultó en un caos, en un potaje del cual salieron tanto creaciones artísticas notables como movimientos sociales funestos en sus consecuencias y en su propagación en el tiempo.
Si se recuperara de nuevo una cultura, no una cultura particular o categorizada, tampoco un corsé limitado al ya propio corsé de las impuestas Bellas Artes, si no una Cultura entendida como la formación generosa, progesiva y firme del ser humano como una conciencia rica en matices, evolucionada y capaz de transformar su existencia en una vida respetuosa, digna y fructífera, en definitiva, una Cultura cuya finalidad fuera el éxito en el aprovechamiento de la oportunidad que cada ser humano tiene de fabricarse un Alma durante su periodo vital. En esas condiciones, no tendría porqué prohibir, demonizar e impedir el acceso al uso (que no abuso) de cualesquiera drogas enteogénicas cuya seguridad y eficacia se haya podido demostrar. Y nunca como atajo codiciado para adelantar la llegada de la conciencia a Eleusis y sus misterios, solo como bastón que ayude a trepar los trechos más duros. El auténtico viaje dura toda la vida, y los misterios van cayendo en pequeños fragmentos, a medida que la conciencia del sujeto madura y se transmuta en su interior.
Como colofón, y si usted ha llegado leyendo hasta aquí en este artículo con cierta desazón porque cree no haberlo entendido, quédese con el siguiente resumen/moraleja:
"Si se codicia con inmadurez el acceso a los placeres, todo debe estar vetado, y CUALQUIER droga es mala. A quien con humildad decide caminar guiado hacia Eleusis, hacia la sabiduría, nada le debe ser vetado, y la droga no le puede amenazar, ya que no le es precisa, y por tanto no se aferra a ella."
No aspiremos a vivir una vida donde estemos siempre estupefactos, si no entusiasmados (con el Théos, Dios, es nuestro interior)
[1] http://www.noeresmas.com/articulos/disonancia-cognitiva-y-autojustificacion
[2] http://www.societyof2000.org/ver.asp?art=3606
[3] http://es.wikipedia.org/wiki/Enteógeno
[4] http://es.wikipedia.org/wiki/Misterios_eleusinos
traveler, de Titán:
Un camino a Eleusis muy recomendable es el sexo: se puede viajar en soledad, pero en compañía es mucho mejor. Para llegar a destino es aconsejable procurarse un buen compañero de viaje, aunque ésto es lo más difícil. La gente suele elegir su compañía por los motivos más extravagantes, lo que no siempre asegura una buena travesía. Por otra parte, hay personas a las que les gusta ir tan acompañadas en este trayecto, que no terminan de ser un buen acompañamiento para nadie. Etc...
Burbujadefuego, de Magma:
Me parece que aqui se aprueba el uso de la droga siempre que forme parte de una ceremonia religiosa, y eso es más que reprobable, puesto que las sustancias psicotrópicas crean fantásticas realidades que enajenan al consumidor. Se puede practicar la meditación para llegar a conseguir los estados trascendentales , controlando la mente en todo momento.
Burbujadefuego, de Magma:
Pan_amá, la meditación no es un sistema de enajenación. En su práctica se subyuga a la mente para traerla a una correcta comprensión de la realidad y por tanto no cabe la enajenación en su uso como has apuntado En cuanto a las alteraciones que dices provocan en nuestra conciencia productos como el café,… una cosa es que el café nos estimule, el alcohol nos desinhiba, o la valeriana nos relaje, pero son sustancias que ya de por sí están claramente acompañadas de advertencias y sanciones por el abuso en su consumo.
Alfredo de Mendoza, de Madrid:
Y no hay droga más dura, que el roce de tu piel (C. Goñi) ¡Qué gran verdad!
kikirikí, de gallinero:
obviamente, son todas absurdeces
Pan_ama, de Eleusis:
Efectivamente Burbujadefuego; se aprueba mas no se promociona el uso de drogas. Fíajte bien en los últimos párrafos. La meditación también te podría conducir a esa creación de realidades enajenantes. Las drogas no son ni mucho menos el único camino a Eleusis. De hecho no deberían ser le único camino en ningún caso. Pero tampoco un tabú autoimpuesto que lo cercene. Míralo como una herramienta más. A fin de cuentas todos al cabo del día tomamos sustancias que alteran nuestra conciencia de algún modo (café, alcohol, antidepresivos, etc.)
blabla, de confusión:
Y espero que todo este blablabla del artículo no sea una perorata autojustificativa para proceder al consumo de alguna sustancia non sancta. Para arruinarse la vida, siempre es preferible el sexo, aunque sea con la persona equivocada. Y espero que esto último no sea otra perorata autojustificativa de mi parte para justificar algo non sancto.
tu espejo, de chacarillas:
buenas noches a todos 23:12hrs. y cuando se habla del amor? el amor es el camino, no hay herramientas para sentirlo ni drogas ni sexo ni heroína ni mono de tabaco solo amor.... mírense al espejo cada mañana y siéntanlo hasta pronto :)
tu espejo, de chacarillas:
buenas noches a todos 23:12hrs. y cuando se habla del amor? el amor es el camino, no hay herramientas para sentirlo ni drogas ni sexo ni heroína ni mono de tabaco solo amor.... mírense al espejo cada mañana y siéntanlo hasta pronto :)
antonio roman, de alicante:
La droga....término que es necesario redefinir. Pensar a fin de cuentas,es destruir el lenguaje fosilizado.Igual que el término cultura, ambas necesitarían de seminarios de estudio.No consumo nada que altere mis capacidades psíquicas,allá cada cual, la vida me pone y la trascendencia metafísica está dentro de mí,igual que la moral. Recordemos al viejo Kant y su epitafio el cielo estrellado sobre mí, y la ley moral dentro de mí . No es comparable y además es demagógico comparar el tabaco con la heroína por ejemplo (aunque ambas sean adicciones). No conozco a nadie que haya matado por un mono de tabaco , así que cada cosa en su sitio, la palabra exacta con el tono justo.Otra cuestión sería el alcance de la legalización de todo tipo de drogas, pero claro eso nos lleva a pagar impuestos salvajes para el tratamiento de todo tipo de toxicomanías que vendrían asociadas. Y su efecto llamada para su consumo. Y sobre el supuesto viaje iniciático que algunos creadores tuvieron, pienso que eran genios que no necesitaban de ninguna sustancia tóxica. Comparemos por ejemplo la calidad de álbumes del grupo Pink Floyd, y veamos, en La cara oculta de la luna ,estaban a vueltas con las drogas y comparemos ese album con los primeros (jóvenes consumidores).
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