Sea Progresista. Imprímalo. Imprímaselo.
por Antonio Román Sánchez, publicado el
En el mercado de la prensa escrita hace años que se editan diarios para su distribución gratuita. No se va a juzgar la calidad de sus ediciones, ni se debatirá sobre el papel que ejercen en los medios, ni si hacen competencia desleal. Basándose en esta idea, se va a sugerir al lector que emplea tiempo en regresar a su casa utilizando el metro, tren o autobús, o simplemente al que le gusta llevar algo consigo para hojearlo en el baño, dormitorio o tomando el café, que imprima artículos de sus revistas digitales favoritas. Llévese el folio. Piense en las horas que pasa en el transporte público y en las alternativas posibles a la lectura de una elección cuidadosa, y tal vez llegue a la conclusión de que la idea no es descabellada. Ya está al corriente de las noticias, de los sucesos, del estado del tiempo, de la cartelera, de la programación de televisión, e incluso ha concluido un sudoku con éxito. Ahora tiene la posibilidad de leer algo distinto y puede ampliar sus conocimientos sobre la temática infinita que se aborda en internet. Un artículo seleccionado tiene un ritual: la atención ha quedado focalizada por su marco de valores e intereses y por eso disfruta con la lectura. Además tiene en sus manos un producto de la cultura altamente refinado, la red es una invención científica que nos facilita el acceso a cualquier tipo de información y toda esa tecnología la condensa en un papel impreso. Puede doblarlo, guardarlo en un bolsillo o en un portadocumentos, lo importante es que lo leerá sin necesitar de ningún artilugio. Todo ello sin gasto alguno, sin ser abordado para entregárselo y sin publicitárselo. Además es un acto ilustrado, pues establece la secuencia de compartir la información, procesarla y hacer un uso público de ella. Ese era el esquema de progreso ideal kantiano, de manera que su hábito lo convierte en una persona progresista. La lectura no le causará ninguna dolencia y acostumbrará a su cerebro a utilizarlo para algo más que ordenar todas nuestras actividades psíquicas y corporales. Si además elige lecturas que le aporten sabiduría, su opinión y visión de la vida, le alejarán de la patanería y se convertirá en ciudadano crítico, es decir libre. Propongo un ejemplo. A veces se insertan grandes titulares del tipo, los servicios públicos de transporte están colapsados. Si usted es un buen observador, reparará de inmediato en el hecho de que en las horas punta para desplazarse al centro de trabajo, sube mucha gente que no tiene obligación laboral alguna. Sin embargo la estupidez de su comportamiento los conduce a interferir en los demás y a no sacar beneficio alguno puesto que viaja también con incomodidad. ¿Acaso no sería sensato penalizar a los usuarios que gozan de gratuidad en el transporte, a pagar su billete si utiliza el transporte público en esas horas de gran afluencia de gente? Si usas una tarjeta de transporte en el metro londinense, no puedes acceder a él hasta las nueve treinta horas con el objeto de que las personas que solo quieren desplazarse por la ciudad para visitarla, no colapsen los vagones. Este tipo de debates, solo son posibles huyendo de la ideología como tótem de una sociedad que ha renunciado a la crítica y que es capaz de aguantar lo que le caiga encima con tal de no esforzarse. Ejerza de ciudadano, camine hacia la autonomía personal, imprima esos artículos. Imprímaselo, participe, escriba, enseñe su ojo a ver. Y sobre todo aprenda a leer como Unamuno nos enseñó, con los oídos y no con los ojos, porque hay que escuchar lo que se lee y no ver lo que se lee. Seleccione, edite su propio periódico, distribúyaselo y disfrute.
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