Los dilemas de la inmigración
por Antonio Román Sánchez, publicado el
La inmigración es uno de los fenómenos mundiales más controvertidos. Las naciones desarrolladas establecen barreras en los flujos migratorios justificando la medida por la competencia desleal que representa una mano de obra de bajo coste, y por otra parte, por la carga que supone en los servicios sociales de carácter público. El artículo 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, establece que: Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado. No obstante, esta declaración de principios no puede estar por encima de los derechos de los ciudadanos de los países receptores que además no tienen capacidad para resolver las necesidades de los países subdesarrollados económicamente. Surgen pues en cadena una serie de dilemas. Las empresas que emplean a trabajadores sin permisos legales de trabajo, ¿se aprovechan de los mismos, o por el contrario son generosos permitiéndoles obtener ingresos económicos? Los profesionales y organizaciones que ayudan a obtener papeles, ¿se lucran económicamente o se solidarizan con el extranjero en situación de residencia ilegal? Las instituciones públicas cuando cubren sus necesidades sociales con cargo al erario público, ¿actúan con humanidad o en contra de los contribuyentes que pagan impuestos? Los inmigrantes, ¿realizan trabajos que los nacionales no quieren, o los desplazan a bolsas de paro? ¿La inmigración enriquece culturalmente al país que los acoge, o por el contrario contribuye a formar guettos? La integración para el inmigrante es dura, tienen que adaptarse a nuevas costumbres, horarios, lengua, conceptos de vida distintos como el de la amistad, las relaciones libres entre hombres y mujeres, sistema educativo, sanitario y un largo etcétera. Los nacionales a menudo se sienten desplazados de sus barrios, inseguros y perjudicados por los baremos que aplican las administraciones para otorgar subvenciones. De esta forma, se contraponen intereses distintos y la respuesta es la mal denominada xenofobia. Frente a ese término, es preferible usar el de aporofobia que designa la fobia hacia aquellas personas sin recursos, que subsisten dentro de los umbrales de la pobreza y que se instalan en nuestros barrios, sin capacidad de adaptación a nuestras costumbres, no se trata pues de rechazo al extranjero ni al color de su piel, sino miedo e inseguridad frente a ese desconocido que nos aterra porque no puede o a veces no quiere, vivir con arreglo a nuestras normas de convivencia. De lo que no hay duda es del hecho de que el flujo migratorio ha sido muy importante en España en estos últimos años y que los procesos de regularización tienen su continuación con las reagrupaciones de los familiares. Nos enfrentamos a cambios sociales importantes y a una sociedad más plural, pero todo cambio acarrea conflictos y tensiones, y no hay duda de que se agudizarán si se diera un escenario de crisis económica. Por otra parte, la inmigración se concentra en áreas geográficas muy determinadas y no resuelve el problema de la despoblación de la España interior, colapsando los servicios donde se instala en masa. La generosidad de nuestra sociedad regularizando la situación de flujos migratorios que llegan movidos por las mafias, ¿acaso no es injusta con aquellos ciudadanos que se ven obstaculizados en sus países de origen en espera de obtener un visado utilizando los mecanismos legales? Quizá sea el concepto de discriminación el que nos atenaza. La sociedad en su conjunto no expone con claridad los problemas derivados de la inmigración por temor a ser tildados de racistas, se alaban las ventajas, pero se ocultan los conflictos. Y ese miedo impide que se les aplique el mismo baremo que al resto de la población. Superar el miedo a la minoría de edad auto culpable de nuestra sociedad, exigir obligaciones en la misma línea en que les otorgamos derechos e imponer sin complejos los principios que emanan de nuestra Constitución, tal vez sea el camino. Los dilemas posiblemente carezcan de respuestas.
el observador, de vigo:
Se instala usted en lo politicamente correcto, expone problemas que todo el mundo sabe que se dan, pero que se silencian para que no te llamen racista. Usted mismo parece que no ha superado su minoria de edad auto culpable .
Burbujadefuego, de Magma:
Excelente artículo, Antonio, del que quería comentar algo: Por una parte hay una actitud positiva ante el hecho de ver crecer la población activa, pero por otra está la sensación de ver amenazado el territorio que durante años ha sido presa de numerosas conquistas . Llevamos implícito en los genes el germen de la Reconquista, de proteger un espacio que ha sido testigo de derramamientos de sangre por implantar banderas. No creo que se trate de envidiar los privilegios que les conceden , las subvenciones, etc,,, sino el espanto al ver cómo se extienden, siguiendo con sus costumbres, instalándolas aqui y quién sabe si algún día harán sombra a las nuestras.
Montserrat, de Ghetto:
Muy interesante artículo que relata fielmente la realidad actual de los países occidentales con la problemática en materia de inmigración. Especialmente la explicación del término aporofobia, término que desconocía pero estado del que nos empapamos diariamente en parte fomentado por las “leyendas urbanas”, en parte por la difícil convivencia entre culturas, tradiciones y religiones diferentes. Problema de difícil solución “políticamente correcta”.
Montserrat, de Ghetto:
Todos somos racistas porque todos tenemos prejuicios: nos sentimos identificados y parte de la comunidad en la que hemos crecido y en la que hemos sido educados; esto es algo que se ha analizado en diversos estudios científicos, así por ejemplo los negros tienen sentimientos racistas y discriminatorios hacia los blancos. Otra cosa es que no es “políticamente correcto” expresar en voz alta esos sentimientos. Recomiendo visionar la película “Crash” de Paul Haggis y observar nuestras emociones, si nuestros prejuicios son infundados o no; si nuestra opinión va cambiando a medida que avanza la trama argumental de la película, prestando especial atención a los diálogos entre los dos ladrones de coches. En referencia a lo comentado sobre las subvenciones privilegiadas para inmigrantes, es una de las leyendas urbanas que circulan. En mi entorno personal tengo relación con diversos trabajadores sociales y todos ellos coinciden en que las subvenciones son para todos, simplemente ocurre que es el inmigrante quien solicita información y la ayuda, mientras que el ciudadano local, que se encuentra en una situación más aposentada, se lo piensa antes de solicitar la ayuda y solamente lo hacen las personas que bailan en los lindes de la marginalidad. ¿Será por el tipo de educación que hemos recibido?
Pan_ama, de Barcelona:
La empresa que emplea a trabajadores sin papeles lo hace para aprovecharse y beneficia al inmigrante como efecto colateral. Es pura teoría liberal, aplicada. Las instituciones subvencionan y discriminan positivamente a los inmigrantes como medida preventiva, por miedo a que se creen situaciones de marginalidad potencialmente explosivas, aún a sabiendas que pueden ser un agravio comparativo para los ciudadanos locales, ya asentados en el bienestar y menos proclives a explotar . Son puros cálculos. La inmigración enriquece y también ensucia. Todos los asuntos tienen dos caras o dos asas, y éste en concreto es donde se puede ver con más claridad esta dicotomía. El problema no es la inmigración en sí como una sociedad donde las normas y leyes que hayan sean de obligado cumplimiento para todos, y se sea estricto en su vigilancia así como en proveer servicios para las necesidades de todos. En resumen, ser un país serio. El relax o dejadez convierten un país en un caos donde nadie respeta nada.
antonio román, de alicante:
Para Montserrat. El término lo introduce Adela Cortina. Cuando se avanza en las ideas y el pensamiento, es necesario destruir el lenguaje fosilizado. En este caso porque el racismo entendido como la creencia en que hay razas superiores a otras, no se sostiene científicamente, y por otra parte porque no se rechaza por el color de la piel o su religión, al dueño del restaurante chino del barrio, al jugador de fútbol de éxito o al gitano integrado que nos vende productos en los mercadillos, por citar ejemplos. Con Panama estoy totalmente de acuerdo en su análisis, pero la complejidad del tema era tan grande, que por eso el planteamiento dejaba abierta a la réplica cualquier aproximación del fenómeno. Y coincido en el diagnóstico, las normas han de ser para todos por igual, sin complejos.
..., de ...:
Mary
..., de ...:
Mindy
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