La sociedad del colapso
por Pan_ama, publicado el
Que todo está conectado es una frase que ya se ha instalado en el terreno de lo popular. Lo que quizá no esté tan asumido entre el ideario colectivo sea la modificación de esta sentencia, actualizándola a que todo está muy densamente conectado. Aún en la adolescencia de la Ciencia de las Conexiones, no conocemos todos los efectos de los sistemas densamente conectados, aunque sí parece ser que nuestra sociedad, y a distintos niveles, es efectivamente uno de ellos. Los mercados están ya densamente conectados por todo el mundo, las telecomunicaciones, flujos de capital, redes energéticas (éstas últimas quizá no tanto), etc. ¿Se está conectando densamente el colapso de la sociedad tal y como la conocemos, como proveedora de servicios para el bienestar? Quizá valga la pena realizar una reflexión cauta pero aventurera al respecto. Últimamente hemos podido ver en los medios noticias aparentemente no relacionadas pero que tienen un común denominador: el colapso. En algunos casos el colapso se hace manifiesto en su forma más explícita: caos en los transportes, fallos en el suministro de servicios domésticos básicos, desbordamiento migratorio, crisis bancaria debida a un endeudamiento desbocado (con su consiguiente usura desbocada), clima cambiante con consecuencias imprevisibles a medio plazo, sistemas informáticos trabajando al límite de su capacidad, etc. Otras veces el colapso se presenta levemente enmascarado pero no menos grave como es el caso de la inminente subida desorbitada de algunos productos de alimentación esenciales como los lácteos, debido a la demanda hiper acelerada a nivel global. Estamos asistiendo a los primeros compases de un fenómeno generalizado que presenta episodios locales y globales de forma indiferente: El Colapso. En una sociedad como la nuestra, densamente poblada, desigualmente distribuida (como fruto natural de ser una red densamente conectada) lo normal es que los fenómenos que ocurran sean de cualquier tipo menos suaves, estables o progresivos. Nos vemos abocados a una dinámica violenta de efectos en avalancha, crisis fugaces pero devastadoras, tendencias imprevisibles y en general, un nivel muy elevado de estrés. Que la humanidad se tendrá que adaptar a marchas forzadas a esta nueva olla a presión que nos espera es algo que no debería sorprender a nadie, ni siquiera a sabiendas que se costeará a precio de oro en forma de hambre, enfermedades, pobreza y en general todo tipo de miserias posibles. Quizá es el siguiente paso lógico de la Historia en el compás de espera hasta el próximo cataclismo que nos lleve a una nueva etapa en la que el factor determinante vuelvan a ser las redes densamente conectadas, o no... en cualquier caso que lo escriba al cronista que le toque en su día.
Añadir mi opinión: