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"Cumpligencia" vs. "Callaqueja"

por Pan-ama, publicado el

Una de las características que define una colectividad (región, nación, pueblo, familia, equipo, etc.) es su Sistema de Valores. Un Sistema de Valores es un conjunto de cualidades a las cuales se les da especial importancia porque se considera que son beneficiosas para dicha colectividad -y por lo tanto, para cada uno los individuos de la misma- y que en consecuencia se cultivan, preservan y propagan con esmero. En las modernas sociedades occidentales, y en especial en las latinas se observa una dicotomía en algún subconjunto de su Sistema de Valores. En particular, referente a la actitud en la interacción individuo-sociedad, se pueden presentar dos que serían contrapuestas: una que podríamos llamar "Cumpligencia" y otra que también podríamos etiquetar como "Callaqueja". Mientras que la primera es más propia de países nórdicos, la segunda es la más frecuente en países de latitudes más cálidas. Toda sociedad compuesta de una gran cantidad de individuos necesita de complejos sistemas de gobierno para funcionar con más o menos éxito. Estos sistemas generan una serie de conflictos inevitables. Una actitud posible ante este proceloso devenir puede ser la de mantenerse atento y observante a las normas que esa sociedad se ha autoimpuesto para funcionar, a la vez que exigir lo que nos corresponde cuando veamos que dicho sistema no da soluciones a nuestras necesidades, o simplemente está fallando (no cumple su función). Esta actitud requiere de un compromiso entre el individuo y la colectividad que le acoge, ya que precisa de una atención y una actitud asertiva constantes. Es pues, un comportamiento que conlleva un notable gasto energético (o sea, esfuerzo). En el otro extremo está la actitud "Callaqueja". Consiste en considerar las normas sociales como algo externo, una suerte de tiranía que está ahí sin que nadie sepa muy bien de dónde salió, y que más bien está contra nosotros, por lo tanto el deber del individuo consiste en ser astuto y vivir obviando dichas normas, y valorando positivamente el obtener un beneficio propio fruto de actuar al margen de ellas. Paralelamente, el individuo "Callaqueja" no exige nada a esa sociedad que lo acoge, ya que como desconfía de sus normas y las obvia, tampoco espera que el sistema vaya a hacerle el menor caso a sus peticiones. Por eso, cuando el sistema le es desfavorable y le proporciona malestar, mantiene un silencio público; es decir, no exige si no que prefiere reconvertir ese malestar en protestas estériles, en privado y de forma agria, a menudo desproporcionada o maleducada. Mientras que la actitud Cumpligente es cierta garantía de estabilidad y progreso de una sociedad (a una escala arbitraria), la Callaqueja perpetúa sistemas inestables, donde la calidad de vida se ve empobrecida sustancialmente. Una sociedad de individuos cumpligentes evoluciona hacia una sociedad donde las normas pueden ser cada vez más sencillas, y por lo tanto, fáciles de seguir, además de ser más depuradas gracias al feedback proviniente de la exigencia constante. Estas normas más sencillas y depuradas deberían -al menos teóricamente- desembocar en menos molestias para los individuos y por lo tanto, menos necesidad de exigir. Una sociedad Callaqueja desconoce lo que realmente necesitan sus individuos, es una sociedad donde, en caso de ser democrática, se caracterizan por altos niveles de abstención, lo que hace que incluso el mejor intencionado de sus gobernantes se vea con dificultades de mejorar las normas o actuar de forma eficiente, lo cual empeora la gestión de la comunidad, que deriva a un hervidero de gente irritada en privado, y silente en público... muy difícil de gobernar. La cuestión clave aquí está en averigüar si existen otros valores -a un nivel más bajo- que inducen que la actitud Callaqueja en una sociedad sea la más natural y frecuente. Y vice versa. ¡Lo dejo a su reflexión!

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