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El miedo al "mal rollo"

por Pan_ama, publicado el

Tras un siglo XX azotado por guerras tremebundas, el pacifismo se va abriendo paso en las sociedades occidentales. De ser un movimiento de protesta minoritario, ha calado hasta incorporarse en forma de valor social mayoritario. El hartazgo de conflictos y dictaduras provocó un "efecto rebote" y ahora Europa occidental y una parte importante de América están sensibilizados contra todo lo que implique conflicto. La palabra "diálogo" se ha puesto en boca de muchos personajes públicos, y en ocasiones ha servido como efectiva arma para ganar elecciones. Nace así un nuevo "ismo", el "dialoguismo"; que con buena fe defiende el empleo del diálogo como principal y básicamente única arma estándar para resolver los conflictos. Sin duda bastante esperanzador. Sin embargo y por desgracia, las buenas fes y los mejores deseos no siempre van acompañados de un profundo conocimiento de la dinámica (prefiero esta palabra a "naturaleza") humana, y en seguida caen en lamentables errores de consecuencias inciertas. Esta nueva y noble actitud de poner el diálogo y la tolerancia en primer plano está creando subproductos cuyos efectos son, a mi entender, indeseables. La distorsión de la idea o motivación originales ha derivado en un vacío de valores, o al menos en una falta de consistencia o solidez en ellos. Quizás el más destacable sería el que he venido en llamar coloquialmente "miedo al mal rollo", que consiste en una fobia a que en un conflicto afloren sentimientos o procedimientos que están censurados por el imperio del "dialoguismo". Así, nos inhibimos de reprobar públicamente comportamientos incívicos de otras personas a pesar de que éstas no representen un riesgo a nuestra integridad física. Nos da miedo a que una atmósfera de tensión se apodere del momento, y redirigimos ese malestar hacia nosotros mismos (paradójicamente, los sufridos destinatarios de esos comportamientos) en forma de corajes asimilados. Está socialmente mal visto el responder -aunque sea civilizadamente- a las agresiones del prójimo. Cuando hay un desencuentro con miembros de nuestra propia familia, preferimos echar cemento por encima y mantener un conflicto en stand-by durante años antes que atreverse a enfrentarse cara a cara con el problema real por miedo a vivir situaciones de "mal rollo", aunque éste dure poco y sirva al final para resolver un problema de forma definitiva. Se evitan todas aquellas circunstancias que impliquen un "comportamiento firme" y se reduce todo a diálogos demasiado teóricos, demasiado estériles y retóricos; y la acción queda menospreciada. Creo que la llamada "cultura del diálogo" no tiene porqué implicar una actitud huidiza o cobarde antre los conflictos, y hay que reconocer con humildad que en ocasiones puntuales los firmes golpes de timón o el empleo de medidas drásticas puede ser la mejor salida para desencallar una situación complicada. La voluntad de querer resolver los conflictos de manera pacífica no nos tiene que convertir en una sociedad exageradamente indulgente, instalada en un relativismo que deriva en atropellos, en situaciones violentas típicas de la ausencia de normas, situaciones que paradójicamente resultan más graves que aquellas que en un principio, pretendían evitar.

COMENTARIOS:

, de :

una mierda

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Muy acertado...Verdaderamente tenemos, en general, miedo a los conflictos y sin embargo, a veces, son necesarios e inevitables. Y no, yo no creo que todo se pueda resolver dialogando..(tiremos de asertividad)

willnet, de Vizcaya:

¿Cómo estar seguros de que los mensajes de interpretación relativa, a oídos del receptor, resulten atacantes o simplemente estén formulados retórica o inintencionadamente? Eliminar el relativismo es hacer una aclaración de una situación que pueda resultar confusa, pero en el momento en que la exigimos, estamos pidiendo que nuestro interlocutor sea legal porque de algún modo nos sentimos posiblemente atacados . Me gustaría saber cómo distinguir el momento acertado para aclarar posibles conflictos y que las exigencias no deriven en conflictos innecesarios, esto es mucho más difícil de lo que algunos creen, sobre todo si somos proclives a sospechar de la gente. A veces por este motivo soy demasiado indulgente porque no me quiero creer las ofensivas relativas y creo que he dejado. No aclararlos puede inducir a pensar que somos cobardes y hacerlo puede suponer que seamos demasiado reactivos. Me ha gustado el artículo porque dice a mi entender lo que sucede pero creo que la dinámica dialéctica que propone no sustituirá la ofensiva. Un mundo basado en el dialoguismo exige un compromiso de la gente hacia el conocimento y la sabiduría y hay quienes no quieren, o no pueden no estoy seguro, comprometerso con ello. Algunos todavía se sienten atrapados y designados por la naturaleza, muy movidos por el instinto animal, exento de responsanbilidad. La dinámica humana se mueve en muchas direcciones y debemos saber enfrentarnos con todas lo mejor posible.

diego, de crisisexistencial:

Muy bueno eso del dialoguismo. El verdadero diálogo es una herramienta de resolución de conflictos y de consecución de verdades más amplias que las verdades parciales que ofrece cada ideología o grupo social. Y efectivamente tiene que ser una comunicación sincera, y eso pasa por decirnos lo que nos tengamos que decir, con respeto, con cariño, pero con sinceridad. Nada que ver con el concepto mediático de la palabra. La palabra diálogo en medio de políticos, empresarios y medios de comunicación tradicionales es parecido a lo que ocurre con la palabra democracia , que queda muy bien, pero que la utilizan según su propia convivencia o como un lugar común vacío y desconectado de la realidad de la persona que la pronuncia

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