Un papel arrastrado por el viento...
por Jenny Fraser, publicado el
En este mundo hay personas que más que vivir su vida, dejan que esta les pase de largo por delante de sus semblantes. Se dejan llevar por la inercia de las costumbres de su tiempo, se comportan siguiendo las pautas de la moral arquetípica en vigor en ese momento con mayor o menor fortuna, repiten como loros las frases, rumores y dichos mil veces escuchados como si estos fueran ideas propias. Algunos se reproducen, otros no y antes de darse cuenta desparecen del mundo tras haber presenciado, quizá, algunos pequeños momentos brillantes en su existencia pero sin mayor pena ni gloria y sin haber sido verdaderamente conscientes de quienes eran y que hacían en este lugar. Otros sin embargo en algún momento toman plena consciencia de su existencia y deciden tomar las riendas de su vida, le echan coraje y se niegan a no ser los protagonistas de ella, calculan bien sus objetivos y van a por ellos con audacia, los redefinen cuando es preciso y no se conforman de entrada con las normas que les vienen impuestas por el simple hecho de ser las vigentes, muy al contrario las cuestionan y muchos incluso crean caminos nuevos que luego seguirá la multitud. Algunos triunfan en sus empeños otros muchos fracasan pero en ambos casos estas personas gozan del placer de ser el centro de una vida propia. ¿Tienen algo en común estos dos tipos de personas?. Mientras pienso esto contemplo como en la calle solitaria un papel se arrastra cambiando de forma llevado por el viento, recorre una distancia, vuelve hacia atrás, sube arriba unos metros elevándose en espiral hasta que para a posarse a los pies de una farola donde reposa hasta que un nuevo rebufo de aire lo traslade caprichosamente hacia otro lugar de la calle solitaria. Es inevitable, pues, preguntarse si acaso las personas aquí descritas, tanto las del primer tipo como las del segundo, no son en realidad más que un papel arrugado entre los muchos que hay en la larga calle de la existencia. En ambos casos el resultado es el mismo, los vientos de la vida nos bambolean como peleles sin peso, de aquí para allá hasta que desaparecemos en el horizonte. Algunos ilusos creerán cándidamente que se mueven por voluntad propia, otros no menos ilusos no creerán nada tan sólo se dejarán arrastrar por el viento sin saberlo siquiera, quizá algunos pocos se hagan conscientes de su condición de papel sin posibilidad ninguna de negarse a los designios caprichosos del aire y pretendan, ingenuamente, convertirse en aire. …En cualquiera de los casos el resultado será siempre el mismo; un papel arrugado reposando finalmente al lado de alguna farola. Dedicado a Clément Rosset.
unadetantas, de Labarcako ():
Felicidades Jenny. Enriquecedor. Articulo que, terminada su lectura, no acaba ahí, va más allá, dando paso a una reflexión, pero esta vez, con el añadido de ese encanto particular, echando a volar mi imaginación, haciendome arrastrar tras ese peculiar papel arrugado hasta llegar al final de su trayecto...Gracias por este ratito de placer que fue leerte. Saludos.
El Sesudo críptico e inaprehensible, de I mean ():
¡Ah! La eterna polémica del libre albedrío una vez más sale a la palestra. El dilema sobre si somos los dueños de nuestra vida o solo peleles que interpretan el sádico guión de un dios inaprehensible. Pero... ¿realmente tiene que ser una dicotomía?. I mean, realmente somos una colectividad de partículas sensibles a corrientes de una magnitud abrumadora, pero no somos partículas puntuales, somos elementos de esta estructura fractal que es el mundo y nosotros, esas partículas que representan nuestras mentes/conciencias, son a su vez complejos universos con sus millones de partículas -los pensamientos- que quién sabe si por sí mismos tengan ese mismo dilema: ¿Son los pensamientos, las ideas, trozos de papel al viento o tienen vida propia? Ojalá no tomen esta pregunta como retórica o banal, tómense un tiempo en meditarla. En cualquier caso, somos individuos responsables de nuestro comportamiento. Y ahí se encierra el misterio de esa cosa llamada la Voluntad. ¿O acaso el comportamiento no es más que una expresión de la criticalidad autoorganizada de los propios pensamientos?
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