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Hatshep (algún lugar en el mundo), sobre el artículo ":
"Cada momento histórico ha tenido un modelo social. Un ideal de belleza, un ideal humanístico, un ideal cultural... Quizás la nuestra no es la mejor é..."

La sociedad del detritus

por Jenny Fraser, publicado el

En las sociedades avanzadas y modernas de la civilización occidental actual para nadie es un secreto que uno de los hábitos más arraigados en la estructura de dicha sociedad es el consumo desenfrenado. “La sociedad de consumo” la llaman… decenas de miles de productos y marcas inundan nuestros sentidos desde todo tipo de medios y nos incitan a practicar un consumo que a su vez nos consume a nosotros con la misma escala proporcional.. El problema, -porque hay seria razones para considerar el consumo desaforado, al menos en parte, como un problema-, es que en los últimos tiempos la fiebre consumista no se reduce únicamente a los bienes tradicionales dotados de “materia, sino a una serie de elementos mucho más etéreos, al vez que siniestros, que calan aún más a fondo en nuestra esencia vital como individuos. Me estoy refiriendo a la exhibición de patrones de pensamiento, de ideas y de opiniones que también se nos sirven de una forma impulsiva, que nos transmiten y nos inculcan de un modo que no por anodino e insustancial deja de ser menos efectivo. Mediante toda una selección de mensajes mediáticos de todo tipo y calaña nos enseñan que tenemos que pensar, de que modo tenemos que hacerlo, que debemos opinar, que debemos sentir o hasta como debe ser nuestra propia identidad para no sentirnos unos excluidos del mundo. Dentro de este tipo de consumo, llamémosle, psico-emocional, la moda no sería más que la más inofensiva de sus manifestaciones, al lado de ella nos podríamos encontrar las corrientes de opinión, las ideologías pre-fabricadas, las formas de pensar enlatadas, los nuevos tabúes, los nuevos pre-juicios, las nuevas auto-censuras o los nuevos modelos de auto-culpabilidad, que no por ser más “fashion” dejan de ser tan dañinos como los antiguos complejos que ha venido arrastrando la humanidad a lo largo de su singladura. La gran diferencia actual respecto al pasado es que todos estos productos anímicos son consumidos con una avidez y un desenfreno comparable al de su equivalente con productos “materiales”, y al igual que el consumo material genera al año toneladas de desperdicios derivados del envasado y los elementos residuales, así también los productos psico-emocionales generan una cantidad ingente de detritus espiritual que se manifiesta en y entre las psiques de las personas en forma de ruido mental, frustraciones enrarecidas, confusión, ansiedad, miedos de todos los colores y otro tipo de patologías que vienen a ser equivalente a los envoltorios de plástico no-biodegradable. Sin darnos cuenta los ciudadanos occidentales vivimos en medio de este detritus que flota en el aire y que pueden captarse todos los días en multitud de comportamientos y relaciones sociales a todos los niveles de la esfera pública, privada e incluso íntima. Una de las preguntas que podrían hacerse ahora es ¿Cuánta cantidad de residuos emocionales somos capaces de aguantar aun?. Dedicado a los que con pocas palabras entienden, es decir a los que con un texto breve ya captan la idea central, o sea el mensaje que, entre líneas, ha querido enviar el autor, porqué no siempre el concepto es fácil de extraer con una primera o segunda lectura. ¿Estamos?... o no?...

COMENTARIOS:

Iñaki, de ESERP ():

Sobre todo son creo yo patrones de conducta, que se inyectan en la sociedad (a mi juicio de forma intencionada) en forma de series y programas de TV. ¿Por qué? Probablemente porque es rentable (una persona pelele es un consumidor excelente). Pero esto por desgracia es pan hoy y hambre para mañana. Y lo peor es que las personas que son víctimas de esta inyección de patrones de conducta lo niegan sistemáticamente...

diego, de crisisexistencial ():

Estoy de acuerdo y me gusta la analogía, nos impresionan mucho esos enormes vertederos de cosas materiales, pero son menos noticiables (quizá por ser más íntimos y menos aceptados socialmente) esos sumideros mentales y emocionales a que te refieres. La vida de la sociedad moderna puede parecer bonita por fuera, siempre que se mire a los rascacielos de los que salen tipos encorbatados y mujeres tuneadas por la Dermoestética, y no a los mendigos del metro, prostitutas y otros desechos humanos. Pero está decididamente podrida por dentro. El mundo mental de los ciudadanos del primer mundo es la confusión, el egoísmo, la envidia, el miedo (sobre todo el miedo, sentimiento profundo que resume todos los demás). Vivimos literalmente en el Mundo Feliz de Huxley, o si se prefiere en The Matrix. Parábolas de la sociedad moderna que dan miedo de lo acertadas que son casi en todos los detalles...

Hatshep, de algún lugar en el mundo ():

Cada momento histórico ha tenido un modelo social. Un ideal de belleza, un ideal humanístico, un ideal cultural... Quizás la nuestra no es la mejor época y el hecho que la gran mayoría acepte el modelo que hemos ido construyendo, no asegura que sea el modelo adecuado (muchas moscas pueden estar equivocadas). Me vienen a la cabeza algunos anuncios y eslóganes publicitarios, tanto en televisión como prensa escrita, marcando los cánones de belleza y de comportamiento. Y por otra parte, las ansiedades de personas cercanas que no “cumplen” con ese ideal de vida convencional que nos han vendido (no sé bien quién) como el realmente ideal.

Franz, de Alemania ():

Opino que está muy bien descrito el fenómeno

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